miércoles, noviembre 22, 2017
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¿A quién liberarías tú?

Mary Pili Hernández
¿A quién liberarías tú?

En la Jerusalén de hace más de 2000 años, Pilatos tenía dos detenidos: Barrabás y Jesús. Barrabás era un zelote, es decir, pertenecía a un grupo político de la época, los cuales luchaban contra del imperio romano. Los zelotes buscaban la liberación del pueblo judío del yugo del imperio romano, pero en su lucha cualquier método era válido, incluida la violencia. Se oponían radicalmente a pagar impuestos al imperio, y desarrollaban acciones que hoy en día serían consideradas terroristas, incluido el asesinato de centuriones o de cualquiera que se considerara colaborador con la opresión imperial. Por sus acciones escandalosas, se hicieron muy famosos entre la gente.

El pueblo judío, como es sabido, se encontraba a la espera del Mesías. Para muchos, la llegada de ese Mesías tenía que estar precedida de la liberación del pueblo. Solo que esta liberación era interpretada por algunos como una liberación del yugo romano.

El otro detenido de Pilatos era Jesús de Nazaret, un hombre que durante tres años había predicado una revolución, ciertamente, pero fundamentada en el amor. También hablaba de liberación, pero no del imperio romano, si no de la liberación del pecado, como la peor forma de esclavitud del ser humano. Predicaba amar al prójimo como a uno mismo e indicaba que la manera de lograr la bendición del Reino era dar de comer al hambriento, de beber al sediento, vestir a los desnudos, visitar a los enfermos, en fin, hacer por los demás, lo que nos gustaría que hicieran por uno.

A Jesús le preguntaban si a los enemigos había que perdonarlos siete veces y, sin dudarlo, decía que no era suficiente, que había que hacerlo 70 veces siete. Esto, en la mentalidad de un zelote, era inaceptable. De hecho, se dice, que Judas era un zelote y que esa fue una de las razones por la cual entregó a Jesucristo, porque no fue capaz de comprender la lucha pacífica que este predicaba.

LA OPINIÓN PÚBLICA PREFIRIÓ LA VIOLENCIA

 

Y llegó el momento que, con motivo de la Pascua, se podía liberar a un prisionero. Las masas enardecidas no dudaron: “¡Barrabás! ¡Liberen a Barrabás!”. Y Pilatos preguntó: “¿Qué hago con éste?” (refiriéndose a Jesús), “¡Crucifícalo, crucifícalo!”. Y la ironía de la historia se puso en movimiento. El hombre que predicaba el amor, fue asesinado del modo más brutal, y quien promovía la violencia, fue liberado a solicitud de la opinión pública.

LOS FARISEOS DE VENEZUELA

Pero la historia se repite. Hoy en día, en nuestra amada Venezuela, cualquier persona que llama a diálogo, que promueve la paz, es considerado un traidor, un vendido, o cualquier cosa peor que esa. Muchos de los que manejan la opinión pública se desgañitan para pedir la crucifixión de cualquiera que pueda ser sospechoso, simplemente, de acercarse a dialogar, así no sea cierto.

Este fin de semana, vimos una demostración lamentable de una connotada opinadora, quien usando su cuenta en redes sociales, denunciaba, como si fuera un delito de lesa humanidad, que supuestamente se estaba produciendo un diálogo en una isla del Caribe, en el cual se estaría “negociando” la lucha de calle opositora. No dudo, en lo absoluto, que si esa opinadora hubiera estado parada ante Pilatos dos milenios antes, hubiera gritado desaforadamente para que liberaran a Barrabás.

Y el problema es que no es ella sola. Hay demasiada gente clamando por la violencia y rechazando cualquier oportunidad para la paz, como si se tratara de un delito. Hay quienes quieren ver al Cristo crucificado, porque es el hijo del carpintero, de la pobre mujer humilde que era María. Porque si ese Jesús hubiera sido el hijo de algún fariseo, seguramente la historia hubiera sido otra.

Muchos de los que salivan ansiosos por ver la sangre correr, lo hacen desde la irresponsabilidad asesina de tener la certeza de que, cualquier violencia que se genere, no les llegará directo a ellos o a sus hijos o a ninguno de sus familiares. Sí, quieren que corra la sangre, pero la del pueblo, la del pobre, la de los pendejos.

Su sed de violencia es tan grande, que no dudan en criminalizar a cualquiera que intente una acción por la paz, lo cual, por cierto, no significa claudicar en las posiciones, sino buscar una manera de defenderlas, de manera racional y no a golpes.

La pregunta que cabe es, y si Pilatos te preguntara, ¿a quién liberarías tú?

 

Twitter: @marypilih

Cortesía: Notiminuto/Mary Pili Hernández

mphopinion@yahoo.com.ve

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