Jueves, septiembre 21, 2017
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El Caficultor

Freddy Castillo Castellanos
El Caficultor

Un joven de veinticinco años, para entonces oficial segundo de la Capitanía General de Venezuela, llamado Andrés de Jesús, María y José, hijo mayor de una familia huérfana de padre (Bartolomé Bello había fallecido en Cumaná en 1804) “arrancó hierbas, cortó ramas y esparció tierra” en Fila de Mariches. Era el 16 de diciembre de 1806. El joven daba así cumplimiento a un ritual previsto en el derecho indiano: tomar posesión de un terreno que su familia había recibido en arrendamiento perpetuo, con el propósito de fundar una pequeña plantación de café.

Le debemos a la acuciosidad de Pedro Grases la recuperación de esa importante escena campestre en la vida de Andrés Bello. Y algo más: la imagen vitalmente agrícola de quien años después cantaría en Londres las maravillas de nuestros frutos campesinos. Bello llamaría la finca “El Helechal” y, según la amable hipótesis de Grases, allí estuvo ubicada su visión primigenia y personal del cultivo del “arbusto sabeo”, vestido de jazmines y perfumado por la fecunda zona, cuya ladera “adorna el cafetal”.

Que nuestro gran sembrador de instituciones civiles haya sembrado café, creo que nos permite una atractiva asociación simbólica. No olvidemos que el entendimiento entre los hombres fue siempre un ideal de nuestro insigne humanista. Así, para un temprano cultivador de café, las excelencias amigables de su uso debieron ser también –y en su momento- un  importante estímulo republicano.

Bajo esa imagen de Andrés Bello, bien podemos avivar el símbolo de la conversación grata y fecunda, entre Café y Café, cuya primera aparición saludo.

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