Jueves, septiembre 21, 2017
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Un maestro de la palabra, la imagen y la mentira

En el centenario de Juan Rulfo
Un maestro de la palabra, la imagen y la mentira

El 16 de mayo de 1917 nació  en  Sayula, estado mexicano de Jalisco, Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, mejor conocido como Juan Rulfo. La vida y la obra del que vendría a ser un gigante de las letras de su país y latinoamericanas,  se situaron esencialmente en el contexto histórico y político de la Revolución Mexicana y las denominadas Revueltas Cristeras. Juan Rulfo se inició como fotógrafo antes de devenir  escritor. Los tres temas principales de su fotografía fueron la arquitectura, el paisaje y la etnografía. Entre 1950 y 1962 la cámara fue su constante compañera. Posteriormente su trabajo fotográfico fue ocasional pero con una vasta  producción de imágenes (se conocen más de seis mil negativos de ese trabajo substancial que han sido cuidadosamente  archivados). Fue después de su muerte que este legado comenzó a ser valorado.

Su creación literaria fue escasa pero medular. Un volumen de cuentos, “El llano en llamas”, publicado en 1953, y una novela breve, “Pedro Páramo”, que data de 1955, fueron suficientes para catapultar a Rulfo al sitial de una referencia insoslayable de la literatura del siglo XX.  En sus textos  reconocemos diferentes dimensiones, a saber la materialidad de su fascinantemente extraña prosa poética, la inestabilidad perturbadora del sentido y la identidad, y la alienación causada por la violencia y la injusticia.  Luego de alcanzar la fama, Juan Rulfo mantuvo un silencio literario que en modo alguno debilitó su merecido reconocimiento como escritor, fue un silencio que se fue haciendo cada vez más sordo  a medida que su  notoriedad nacional e internacional crecía y que los lectores, especializados  o no, le reclamaban a gritos nuevas obras para ser leídas y admiradas. Ciertamente no puede decirse que Rulfo despareció por completo de la escena literaria mexicana y latinoamericana después de los años sesenta,  pero es inevitable  constatar que desde 1955 el núcleo central de su obra ya había sido escrito y que, a posteriori,  sólo agregó unas breves apostillas.  Escribió además un texto  inicialmente adaptado al cine, “El Gallo de Oro”, que le permitió revelar sus dotes de actor y guionista, y que fue finalmente publicado en 1980.

 Juan Rulfo dejó de escribir durante tres décadas para transfigurarse en una especie de juglar contemporáneo, un narrador narrado, un autor que fue a la vez su propio personaje. De mala gana, Rulfo envió  a la prensa relatos repentinos (una suerte de  minicuentos),  compilados después  por amistades, académicos,  y  críticos. Por obra y gracia  de su propia voz y los escritos de otros, su historia personal se hizo realidad simulada para surgir como pieza literaria.

Rulfo fue no solo un autor silencioso sino también secreto.  Cultivó con esmero el arte de la mentira  a lo largo de su vida. Mintió y se contradijo de manera constante sobre sus ancestros, su lugar y año de nacimiento,  con frecuencia despistaba a sus oyentes, todo lo cual, obviamente, atrajo cada vez más la atención hacia él. Orquestó, a veces involuntariamente y  otras a propósito, grandes  misterios en torno a su vida y su persona, suscitando intriga, consiguiendo que la gente se preguntara ¿Quién es Juan Rulfo? ¿Qué secretos oculta? ¿Por qué tanto engaño y embrollo  alrededor de sus referencias y circunstancias biográficas? Tal vez podamos hablar de un excelso manejo de la astucia y la mentira patológica por parte de este extraordinario jalisciense, que permite catalogarlo a la vez como un excepcional escritor y  un  sutil experto en el arte de acaparar el interés del público. ¡Brindemos por la obra y la memoria de Juan Rulfo!

Francisco Javier Velasco Páez

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