Jueves, octubre 19, 2017
Home > Destacada2 > Gioconda Espina
Se hacen trampas para no cumplir los derechos femeninos

Gioconda Espina
Se hacen trampas para no cumplir los derechos femeninos

En  los ochenta, Gioconda Espina fue una de las más destacadas lideresas del movimiento feminista venezolano, en aquella época en pleno hervor. Y de suyo lo sigue siendo hasta el presente. Y no sólo por su espíritu militante sin pausas sino por su muy completa formación académica e intelectual. 


Licenciada en Letras (UCV), magister en el Colegio de México en cultura de África del Norte y Asia, doctora en Estudios del Desarrollo (UCV). A lo cual se suma prolongados estudios y ejercicio profesional del psicoanálisis. Pero en todas esas áreas el tema de la mujer ha sido esencial. Profesora titular de la UCV y escritora de numerosos libros y ensayos breves que constituyen el legado más importante sobre el tema en estas décadas. Cofundadora igualmente del Centro de Estudios de la Mujer y de la Maestría en Estudios de la Mujer de la UCV.

Más de uno ha dicho que el feminismo es la única gran revolución social triunfante del siglo XX, a tal punto han sido los avances conseguido por las mujeres en la lucha por sus derechos, al menos en los países más desarrollados…¿cierto?

Si una piensa en que Olympe De Gouges perdió la cabeza en la guillotina por orden de los revolucionarios, acusada por el delito de haber solicitado para las mujeres toda la libertad, la igualdad y la confraternidad que ellos habían ofrecido en vísperas de 1789, la conclusión es que desde entonces hemos avanzado poco. La Declaración de los  Derechos de la Mujer y la Ciudadana que ella firmó en 1791 es una lista de reivindicaciones que aún hay que conquistar en la mayoría de los países no occidentales y que, incluso en éstos, muchas veces sólo son letra incumplida o cumplida a medias o cumplida formalmente mientras que, en la práctica, la convicción en la incapacidad de las mujeres para la toma de decisiones las mantiene lejos del mando. Con las debidas excepciones, claro está (Merkel, Bachelet,  etc) que, como se sabe, sólo confirman la regla. Las grandes reivindicaciones para las mujeres comenzaron a ganarse después del final de la primera guerra mundial, comenzando por el derecho al voto y, así, a la ciudadanía, por el que las sufragistas habían luchado –con mucho éxito de calle— mucho antes de que estallara la guerra. Los gobiernos fueron dándoles el derecho al voto como una compensación a su esfuerzo en sostener vivo al mundo mientras los hombres iban al frente. Y este es otro punto a discutir, porque parece que cada derecho ganado es un derecho acordado por las mayorías masculinas al mando para su propia conveniencia. Así pasó con el derecho al voto de las venezolanas. La cúpula de AD fue finalmente convencida de que el voto de las mujeres los llevaría al poder en las próximas elecciones…y así fue.

¿Queda mucho por conquistar o simplemente, como dice Lipovestsky que las mujeres aprendan a emplear las libertades que han conquistado?

La de Lipovestky es otra de esas afirmaciones que se recuerdan y citan cada tanto  porque favorecen a la mitad del mundo que de ellas se benefician. Es una afirmación que busca desmovilizar a las mujeres porque ya todo estaría supuestamente ganado y sólo habría que pasar a cobrar en taquilla. Es una gran mentira y pongo dos ejemplos a la mano: España logró durante el período gobierno de Rodríguez Zapatero y una mayoría del PSOE en el Parlamento, no sólo leyes muy de avanzada  sino crear las instancias que garantizaran su cumplimiento para las mujeres. Y, sin embargo, a pesar de la legislación sobre violencia de género, cada mañana  podemos comprobar en los noticieros que vemos por cable, que la violencia y, especialmente, los asesinatos de mujeres por sus novios y maridos no cesa, porque puertas adentro la convicción de que las mujeres “muditas son más bonitas” y que deben llegar a casa —después de la jornada laboral– a la hora prevista por su hombre a “hacer las labores de su sexo” sin protestar, se impone a la letra de las leyes. La lista de ex novios y ex maridos asesinos indica que persiste la convicción de que “lo que fue mío sigue siéndolo para siempre”. El otro ejemplo es de aquí mismo: desde muchísimo antes de 1998 y el triunfo electoral de Chávez y después del 98 y hasta hoy, hemos logrado leyes que amplían los derechos de las mujeres trabajadoras, de las niñas y adolescentes, de participación política de las mujeres, de castigo a los violentos, de protección a la lactancia materna y otras más, pero en la vida real se hacen y se toleran todo tipo de trampas para incumplirlas y ahora, con la honda crisis económica, las mujeres ni siquiera se atreven a recordar a los patronos la existencia de esas leyes (cuando las conocen, pues se aprueban leyes que no se publicitan y por eso permanecen desconocidas por la mayoría), con tal de lograr empleo por más precario que sea.

Hay una gran disparidad entre el mundo de acuerdo a su grado de desarrollo, especialmente el África donde subsisten atroces costumbres que atentan contra la dignidad de la mujer.

Así es. Y hay retrocesos. El más notable de todos es el de los países que han sido conquistados por el fundamentalismo islámico. Durante el régimen talibán las mujeres fueron literalmente sacadas de sus escritorios y consultorios y recluidas en sus casas. Ahora, aunque el Talibán no controla el poder en Afganistán, en las zonas donde tuvieron más control y tienen influencia, continúa la discriminación de niñas y mujeres puertas adentro. Esta es la realidad que ha contado Malala, la adolescente que fue baleada en la cabeza por dos jóvenes talibanes en 2012 por querer estudiar “como si fuera un varón”. En Arabia Saudita el escándalo provocado por una sola mujer casada que salió de casa manejando el carro de la familia, logró que recientemente se les diera permiso para manejar (eso sí, con velo) y también el derecho al voto. Y la práctica de la ablación genital (para impedirles que se den placer y se “guarden” para el marido) en las comunidades más atrasadas de África y Asia no ha desaparecido, a  pesar  de la opinión de los organismos internacionales a los que las mujeres han llevado la denuncia una y otra vez.

Gioconda Espina_01_02032017_DCB

¿Cuál debería ser el lugar específico, si lo hubiese, de las mujeres en esta lucha por salir de la abismal crisis que vivimos?

El lugar de las mujeres tendrá que ser el mismo lugar de los hombres para lograr la salida. No es posible plantearse lugares separados, no unitarios, es irracional e irresponsable plantearse negociar derechos que los hombres ni siquiera han querido discutir en reuniones  solicitadas para ello. Hace poco, cuando el PSUV acordó que sus listas electorales  incluirían un 50% de mujeres, se corrió el rumor de que Maduro decretaría una reforma de la ley electoral vigente que obligaría a oficialistas y opositores a llevar 50% de hombres y 50% de mujeres. Entonces las mujeres de la oposición nos movimos para discutir el asunto en la MUD. Fue infructuoso, ni siquiera nos respondieron. Al final, alguien convenció a Maduro de que no modificara por decreto la ley. Así que ¿cómo vamos a plantearnos una salida unitaria con estos hombres de la oposición que ni siquiera quieren saber qué proponemos y por qué? Habrá que esperar para avanzar otro tramo. Como las mujeres al estallar la primera guerra mundial: suspendieron la solicitud del voto y apoyaron la guerra; luego insistieron y ganaron el voto, a cuentagotas, país por país.

¿Qué te ha enseñado el psicoanálisis sobre la condición femenina que Freud consideraba tan indescifrable?

Freud nos enseñó a reconocer los baches de cualquier teoría, incluso de la que él creó contra la opinión de los médicos psiquiatras de entonces, sus colegas. A cada rato leemos en una segunda edición de un artículo suyo o al pie de página una nota aclarando que cuando escribió lo que venimos leyendo no había tomado en cuenta tal o cual cosa. Así han hecho las mujeres psicoanalistas y feministas, en relación a los conceptos freudianos más controversiales, como la “envidia del pene”. Simone de Beauvoir fue la primera que, en 1949, resignificó el  pene/falo como poder, planteando que lo que la niña envidia no es el órgano sino el poder que el patriarcado ofrece a quienes con él nacen, a los que yo he llamado “penehabientes”. Jacques Lacan, quien inició en 1953 un retorno a Freud con la ayuda de la filosofía (Kojeve), la  antropología (C. Levy Strauss) y la lingüística (Saussure, Jacobson), definió a un significante como lo que representa a un sujeto frente a otro significante. El falo es el significante de la falta de cada sujeto, agregó, así que lo que la mujer no tiene en su cuerpo, al nacer, es el significante del poder que la represente ante otro sujeto. Pero que no lo tenga en su cuerpo no significa que no lo pueda ejercer, como ha quedado más que demostrado.

Tú eras partidaria del lenguaje “no sexista” que se impuso en la Constitución del 99,  y que hasta la RAE ha criticado, qué piensas ahora después de haber visto su uso y abuso.

Aquella comisión de “estilo” fue otro parapeto. Fui convocada una sola vez, el día de la instalación. No sé si reir o llorar recordando aquel mediodía en un salón del palacio legislativo lleno mayoritariamente de viejitos con bastón y hasta en silla de ruedas, todos serísimos, vestidos de oscuro y corbata. Yo, la única mujer, nunca más nos reunimos. Yo siempre fui partidaria de seguir la línea de los redactores de la Constitución colombiana, que rechazando  —como debe ser— la  tramposa asunción de las mujeres en El Hombre, El Ciudadano, El Presidente, etc, decidieron decir cada vez “la persona” o “las personas” y, excepcionalmente, “las mujeres y los hombres”… Pero Viki Ferrara llegó y trabajó sola en la revisión final del texto e impuso ese extremo de feminización del lenguaje de la Constitución del 99. Mi punto de vista es que se use el castellano respetando la regla de concordancia de género gramatical. Si una señora se llama Yolanda usted no puede decir que ella es médico o diputado de la AN o presidente, sino que es médica, diputada o presidenta. En cuanto al plural masculino que, supuestamente, incluye a las mujeres en el “los”, “ellos”, “unos” etc el mismo castellano da una salida elegante que es decir: los y las.

Cortesía: El Estímulo/Fernando Rodríguez

A %d blogueros les gusta esto: