martes, noviembre 21, 2017
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Señor, haz de mí un instrumento de tu paz

Mary Pili Hernández
Señor, haz de mí un instrumento de tu paz

Nuestro país necesita paz. Urgentemente, debemos buscar la paz. No una paz bobalicona de misses de concurso de belleza, sino la verdadera, la que se vive, no sólo la que se predica.

Ningún venezolano puede querer vivir en un país en el cual cada día contamos muertos por razones políticas. No puedo creer que nos hayamos envilecido tanto, que no seamos capaces de dirimir nuestras diferencias de modo racional, democrático, y que el único camino es tratar de eliminar al que piensa diferente.

ASESINATOS POLÍTICOS Y LINCHAMIENTOS

 

Es una desgracia que en las manifestaciones de calle, todos los días, haya al menos una persona muerta (la mayoría de ellas muy jóvenes) y decenas de heridos, de cada uno de los lados en conflicto, y que la promoción del odio esté avanzando a tal modo que, sin siquiera estar en una situación de confrontación, cualquier persona que va caminando por la calle puede ser víctima de un linchamiento, debido a que a alguien le parece “parece chavista, sospechoso, sapo, ladrón o infiltrado”. Esto es un horror, pero no solo por el hecho de que ya han sido asesinadas personas, linchadas por grupos de gente enloquecida por el odio, sino principalmente por lo que estos hechos traducen en cuanto a lo que nos hemos convertido como sociedad.

Aún peor es que existan personas que, supuestamente son gente que uno consideraba seria, que se afanen en realizar discursos para justificar este tipo de acciones: “es que la gente está harta”, “es que se lo merecía”, “es que era un ladrón”. Esto implica, que además del linchamiento físico, la jauría de opinadores practica a diario un linchamiento moral, que pretende proporcionar una justificación ética a semejante barbarie, estimulando de este modo la atrocidad y que hechos así se vuelvan a cometer.

OBJETIVO: EL TERROR

 

No sólo personas que supuestamente son “chavistas” han sido víctimas de linchamientos y acosos. Existen varios casos que se han hecho públicos, de personas de oposición que, simplemente fueron “confundidas”, quienes también han resultado atacadas por la manada de odiadores. Dos casos conocidos (pero hay muchos más), son el del comerciante del CCCT, que fue confundido con un magistrado del TSJ, a quien le entraron a patadas y tuvo que ser rescatado por la seguridad del centro comercial. Otro, emblemático, es el de una reportera de El Pitazo, a quienes unas señoras acusaron, ante un grupo de encapuchados, de que supuestamente, era reportera de uno de los medios del Gobierno, y por supuesto, también fue atacada por los terroristas.

Y la palabra terrorista no la uso aquí por casualidad, sino porque ésa es la intencionalidad de este tipo de acciones: aterrorizar a la gente que piensa distinto a quienes ejecutan el linchamiento. De hecho, las redes sociales están cargadas de amenazas, referidas a que cualquiera que “apoye al reeeeeegimen es cómplice de las muertes, de la represión, del narcotráfico, de la dictadura…” y de cualquier otro delito que se le venga a la mente de estos terroristas del Twitter, sin que sean capaces de discernir que, en primer lugar, de acuerdo a las leyes de cualquier nación, los delitos tienen una responsabilidad penal individual, y en segundo lugar, que en un país democrático y donde se respete la libertad de expresión, las personas tiene el derecho de pensar y de manifestar su apoyo público a cualquier corriente de pensamiento, sin que tengan que sufrir acoso o amenazas por ello.

LA PAZ COMIENZA POR MÍ

 

La paz comienza por una decisión personal. Seguramente muchos de nosotros tendremos razones para odiar, pero si somos capaces de vencer el odio en nuestros corazones, estaremos haciendo una contribución muy importante para derrotar también ese odio a nivel social, evitar que nos consuma y nos siga matando.

Esto parece tonto, pero no lo es. No es simplemente una acción romántica, que se circunscribe a escuchar la canción “Imagine” de Lennon o a mandar post con palomas blancas por Facebook. Se trata de bendecir, de decidir no odiar a aquella persona que te ha hecho daño. De pensar en alguien concreto, de visualizar su rostro, de imaginarlo frente a ti, y decidir amarlo (si es que se puede) o por lo menos no odiarlo. El vecino, un familiar, un conocido, alguien de la comunidad, cualquier persona que te causó dolor y a quien no has perdonado, pueden ser un buen modo de comenzar.

También, rezar a la oración de San Francisco, pero no mecánicamente, sino desde el corazón, puede ser de gran ayuda. Aunque no seas cristiano, vale igual. Decía San Francisco: donde hay odio, que yo lleve el amor; donde haya duda, que yo lleve la fe; donde hay discordia, que yo lleve la unión; donde hay desespero, que yo lleve la esperanza; donde hay tinieblas, que yo lleve la luz; donde hay tristeza, que yo lleve la alegría… Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.

mphopinion@yahoo.com.ve

 

Cortesía: Notiminuto

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