lunes, diciembre 11, 2017
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Terrorismo

Mary Pili Hernández
Terrorismo

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el terrorismo es la actuación criminal de bandas organizadas que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos. Otra acepción indica que es el método con el que se procura lograr la dominación por la vía del terror. Cualquier parecido con la actual realidad venezolana NO es pura coincidencia.

Desgraciadamente, nuestro pueblo está enfrentando hoy una oleada de grupos terroristas que han sido promovidos, deliberadamente, por ciertos sectores de la sociedad venezolana que no se ensucian las manos, porque ya tienen demasiado sucia su conciencia.

PROMOTORES DEL ODIO

 

La promoción del odio se ha extendido, principalmente a través de las redes sociales, en las cuales, personas que aparentaban ser individuos muy respetables de nuestra sociedad, han sugerido de la manera más rampante que se debe asesinar, perseguir, acosar, no dejar vivir tranquilo, a cualquiera que se encuentre vinculado o que apoye o haya respaldado al Gobierno.

Esta exacerbación del odio ha traído consecuencias espantosas. No sólo se ha perseguido y acosado a personas, en sus casas, sitios de trabajo o cualquier lugar de tránsito, sino que además, se les ha golpeado, linchado y hasta quemado vivas, con la única justificación de que son “chavistas”.

Se amenaza a cualquiera que no se pliegue a esta cultura violenta de la guarimba, con que sus negocios serán saqueados, o a los transportistas, que los prenderán en fuego si no aceptan el toque de queda impuesto por esos que se hacen llamar a sí mismos “resistencia”.  

LOS FINANCISTAS DEL TERROR

 

Lo peor de toda esta historia es que aquellos que financian y promueven a estos grupos de muchachos (que en el mejor de los casos no pasan de 40 ó 50, pero que tienen los recursos para asediar a toda una comunidad), suelen esperar el resultado de sus acciones terroristas, comiendo y bebiendo whisky en los restaurantes cercanos. Los líderes políticos solo se acercan unos pocos minutos para tomarse una foto, que luego publicarán en sus redes sociales, pero no se ven acompañando a estos muchachitos, ni siquiera brindándoles una mínima orientación. A la hora de la verdad, los dejan solos.

Mientras en las autopistas, calles o plazas se libran batallas campales, se incendian autobuses, gandolas y hasta ambulancias, se asesinan personas a mansalva, se saquean comercios, se destruyen centros de salud, se impide la circulación de cualquiera que no pague el “peaje” (que ronda en los 40.000 Bs por vehículo), los promotores y financistas de estos malandros con pretensiones sifrinas, esperan campaneando un trago, para luego enviar por las redes sociales, el parte de guerra que dejó su “contribución a la liberación del país”.

Estos financistas no ponen la sangre, pero pagan por los muertos.

LA ÉPICA DEL TERROR

 

Otro elemento que ha distorsionado absolutamente esta situación es que, desde los ambientes dominados por conspicuos comunicadores sociales u opinadores de oficio, se han estado estimulando estas conductas terroristas, construyendo un discurso épico que sustenta cada una de sus acciones bárbaras.

Se les trata de héroes, se les ha dado el nombre de “escuderos” (referido a los escudos que alguno de estos financistas les “regaló” para que estuvieran mejor equipados para poder perpetrar sus acciones), se les compara con las grandes figuras históricas nacionales, se les ensalza poniendo en su imaginario los destinos de la República. Pero no tienen nombre. Ni siquiera rostro, porque para eso, los financistas, se han cuidado de dotarlos de máscaras.

Su identidad solo es importante si los matan. Solo valen como seres humanos si pasan a conformar un número más dentro del parte de guerra de estos financistas del terror. Pero si no, solo forman parte de un grupo, que tácticamente puede ser sustituible, porque solo les sirven de carne de cañón.

Esos muchachos (porque la mayoría de ellos no llega ni a 25 años) dicen que no saldrán de la calle “hasta que Maduro se vaya”. Y uno se pregunta cuando los escucha, recitando su discurso mal aprendido ¿será que creen que, si realmente Maduro abandonara su cargo, ellos llegarían a tener alguna clase de poder medio segundo siquiera? ¿Será que no se dan cuenta que están fungiendo como tontos útiles, arriesgando su integridad personal, para que sean otros los que le pongan la mano al gobierno?

mphopinion@yahoo.com.ve

 

Cortesía: Notiminuto

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